Envejecer es un crimen
Nunca gané en sueños lo que jugué en realidades.
Ni a esos 18 de poeta maldito,
ni ahora que estoy más loco, más sinuoso.
Entre el eclipse de lo mío
y la tempestad de lo tuyo
Sigo pensando que envejecer es un crimen
y las palomas solitarias en los cables
me siguen respondiendo que sí,
aunque yo sé, internamente,
que no
y en los bares, mis amigos felices
(bueno, ¿qué es la felicidad?)
me hacen preguntas de esas que
no siempre uno
tiene ganas de responder.
Hay un círculo más en el barrio
para los poetas callados,
los que silban en el fragor de la tormenta,
los pobres diablos
que consiguieron lo que querían?
Y si lo hay, hay lugar para
los enfermos sexuales
los que se esconden en fiestas,
los que son héroes en público
y villanos en secreto?
Los que no saben justificar por qué ríen
cuando les preguntan por la sumisión,
la mansedumbre,
los primeros que asfaltaron
el camino de piedras?
Y en uno de estos meses
mi alma encontró a mi mente
seca, vacía, llena de amor,
sin un verso al alcance
de las venas.
7 de Enero de 2020
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