el himno


Justo antes que se cerrara
esa tarde diáfana
escuché uno de esos himnos
gemido entre dientes,
susurrado a la distancia,
vertido de una boca tímida.

Un aleluya escapado entre las ramas.
Como la luz del sol que atardecía,
como el fulgor de la estrella
que alumbraba nuestras manos,
temeroso
pero nunca menos verdadero.

Y al himno le siguió
una mirada
de esas que rompen cristales,
desarman candados,
erosionan acantilados
y ahuyentan la muerte.

En mis sueños siempre pensé
que esos momentos
preceden epifanías, revelaciones,
salmos litúrgicos,
trompetas de ángeles
y cuatro jinetes espantados.
Pero el resultado fue
harto menos poético
y el riesgo de la vida plena
es jamás poder describirla.


Abril de 2020

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