Marzo
Es marzo
y yo garabateo incongruencias en un papel.
Caminamos una mañana de niebla
por el jardín de mi barrio
y ella dice eso que siempre dice
sobre su mejor momento
y yo la miro y no entiendo todavía.
Es febrero y son noches
y soy otro y ella es otra.
De dónde sale este aire tan fresco?
Y la madrugada tiembla por un segundo
y parece querer caerse y estrellarse
como una copa
en el borde de una mesa.
Recorremos los bares,
hablo, hablo y hablo
y le anticipo una pregunta
y me anticipa una respuesta.
Y le pregunto por su perfume preferido
y ella me responde con los ojos.
Con los ojos chinos.
Es mayo y es rutina,
le agarro la mano debajo de la mesa,
me encanta sufrir este momento.
Pero ella lo sufre de verdad
y yo aún sin entender.
Dentro mío,
sé que esta gente no me pertenece.
En la cocina
pongo una pava en el fuego
y le pido algo de la habitación.
Vuelve, me mira
y me dice:
“te odio” con una sonrisa
y mil lágrimas.
“Te odié toda la semana”.
Es martes,
prendo una hornalla
y pienso en las malas metáforas
y ella me abraza de atrás
y me pide perdón.
Y los dos sabemos
que eso no existe.
Es jueves y me lo dice.
Me dice que es jueves.
Hoy y para siempre.
Es domingo
y por fin se vuelve infinita,
los dos sentados como indios,
abrazándonos el alma
mientras nos ofrecen pochoclos
y tortas
en una plaza perdida.
Es marzo otra vez
y está en el papel.
Está en la cama desnuda,
se está peinando en el living,
estoy apurado por salir.
“Dejame” me dice y me
río.
“Dejame”.
15 de Abril de 2020
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